Encontrado en: http://www.lideresjuveniles.com/article/articleprint/542/-1/46/

DE DROGADICTO A UN FIEL CREYENTE


Nivel Superior ARTICULOS Fe Extrema




Algunos lectores pensarán que salir en la portada de una revista, patinando profesionalmente fue lo mejor que me pasó en la vida. Pero no fue así. En verdad, mirando hacia atrás, cuando lo hice estaba pasando por los peores años. Desesperanza. Rebelión. Una vida sin rumbo. Y hasta prisión. Pero salí adelante. Primero déjenme rebobinar la cinta y llevarlos unos años atrás para explicarles lo que estoy diciendo.


LOS PRIMEROS AÑOS
Aunque tenía 5 años de edad, puedo recordar el hotel de baja categoría y la sucia habitación que mis primos habían alquilado para una fiesta. Mi madre de 20 años de edad (hacé cuentas y te darás cuenta que mi madre estuvo embarazada de mí a los escasos 14 años) me llevó a ese lugar. Hasta hoy en día, no estoy seguro del por qué lo hizo (tal vez porque era una hippie acérrima). Mi padre no aparecía en escena porque nos había abandonado cuando tenía 2 años. Mis primos, también hippies, pensaron que sería divertido que este preescolar se emborrachara. Más tarde, unas pocas copas de vino barato me hicieron arrastrar por las paredes. Ellos no sabían (o no les importaba) que esto fuera el comienzo de mi involucramiento con las drogas y el alcohol.
A los 13 años ya había fumado marihuana por casi dos años y había comenzado a traficar. Aunque mi madre sabía que era drogadicto, se hacía la desentendida. Cuando tenía 15 años de edad, le ofrecí droga porque se le había acabado. Ella aceptó. En ese entonces, pensé que lo mejor que había en este mundo era "volar" con mamá.
Mi involucramiento con la droga se profundizó más al fumar cocaína. Durante 12 años luché contra esta droga.

EL PATINAJE COMO ESTILO DE VIDA
A los 9 años recibí como regalo de Navidad un skateboard. Era barato y de plástico. Pero no me importó. Pronto patiné en mi casa, en las rampas, en las zanjas de drenaje y en las piletas vacías.
Dos años más tarde, gané un campeonato nacional de patinaje en mi estado natal de Alabama. Poco tiempo después, tras terminar en primer lugar en otra competencia, me ofrecieron ser auspiciado por G&S Skates. Para esa época tenía 16 años y durante los próximos 3 años, estuve en casi todas las revistas de Thrasher y en varios artículos de Skateboarding. Titulado el "Alabamy Jay" hice publicidad para varias compañías.
Aunque hice dinero, no me consideré un patinador profesional, ni consideré el patinaje como un hobby. Para mí patinar fue un estilo de vida. Patiné en el margen. Y vivía en el margen -en el peligroso precipicio de las drogas, de las fiestas, de los conciertos de punk rock. Frecuentemente, tenía que salir de las competencias por no cumplir las reglas. Muy a menudo, me involucraba en peleas. En varias ocasiones, no pude ser auspiciado por otras compañías porque me había drogado tanto con cocaína que no asistía a las reuniones con ellas. Simplemente, no me importaba. No tenía objetivos. Sólo vivía el momento.

EN PRISION
A los 20 años fuí arrestado por tenencia de drogas. Un juez de Alabama que llevaba mi caso dijo que suspendería la sentencia de dos años de prisión si dejaba el mundo del skate e iba a California. Así lo hice. Pero no mucho tiempo después regresé y fue acusado de ser cómplice en un robo, llegando a parar con el mismo juez. A la edad de 21 años me llevó a prisión - un lugar amenazante por no decir ¡el peor! En mi misma celda, mi compañero fue violado ¿Sería yo la próxima víctima? Afortunadamente, no lo fui pero sólo porque vencí en dos peleas importantes, ganando la reputación de ser un chico rudo.
Cuando salí de prisión, intenté cambiar . . . algo así. Decidí no fumar más cocaína - "sólo" marihuana y alcohol. Peor rápidamente caí de nuevo. En mi desesperación por ser libre, asistí varias veces a programas de recuperación y hasta me interné en varios centros de rehabilitación. Estaba más prisionero de lo que había estado en prisión.

ENCONTRANDO LO QUE ESTABA BUSCANDO
Sin saberlo, Dios tenía otros planes para mi vida. Un día cuando estaba trabajando en la venta de autos, acordé los últimos detalles con un cliente, un cristiano comprometido. Después de una noche de fiesta, un hora de dormir y con el deseo de suicidarme, me encontré con él en su casa para retirar el auto. Creyendo que Dios quería que compartiese a Cristo conmigo, este cliente me contó cómo Jesús había cambiado totalmente su vida. Pero no lo escuché. Sin embargo, la semilla había sido plantada.
Poco tiempo después, tenía que llevarle un auto. Su esposa se reunió con nosotros y nuestra conversación rápidamente se centró en Dios y Jesús. No sé cómo describirlo, pero de repente de mi interior y de mis labios salieron las palabras, "¿Cómo puedo ser salvo?" Tuve temor al darme cuenta que había dicho algo que no planeaba decirlo.
Sacaron sus Biblias y me mostraron Romanos 10:9-10. Lo leí en voz alta. Oraron por mí y tomaron autoridad sobre todos los poderes demoníacos que habían operado en mi vida (que fueron muchos). Cuando terminaron, me levanté y sabía que había cambiado. Cristo ahora era mi Salvador y me había liberado el 100%. Nunca más volví a consumir drogas.

EL LLAMADO
¿Y ahora qué iba a hacer? No estaba seguro, pero comencé a pasar de 3 a 6 horas por día leyendo la Biblia y más de 6 horas orando. Y no era suficiente. Un mes más tarde, Dios me llamó al ministerio a tiempo completo. No estaba seguro de lo que eso significaba. Pero mirando hacia atrás, he visto cómo Dios usa a una ex-drogadicto para contar a otros que hay un Dios que nos ama. Si Él pudo hacerme libre, puede hacer libre a cualquiera. Actualmente, viajo por varias ciudades. Habló con los traficantes de drogas, con los pandilleros y con los desvalidos. Por supuesto que voy a la iglesia. Pero mi corazón está con aquellos que están donde yo estuve.

UN CONSEJO
Si estás viviendo una vida de rebelión - ¡salí de eso! ¡Ahora! Necesitamos personas que hagan una diferencia a favor del reino de Dios. Todo lo que hagas hacélo para la gloria de Dios. La fe en acción de un cristiano radical es la única forma de escapar de una religiosidad monótona.

Jay con su esposa, Christy, y sus hijos, Baylen, 10 y Newt, 14.

Email del Destinatario:

*

Tu Email:

*



| Volver a la vista normal | Envía este artículo a un amigo |