¡No seas como los demás!


Gustavo fue un líder eficaz en su ministerio. Oraba y estudiaba la Biblia por horas cada semana y frecuentemente hablaba acerca de su deseo de ser un misionero. Años más tarde, cortó todo contacto con sus amigos cristianos y se mudó a otro país, por una oferta de trabajo muy tentadora, dejando en el olvido su deseo de servir al Señor.

Miralo desde arriba:

¿Cómo pueden suceder cosas como éstas? ¿Cómo puede ser que cristianos comprometidos, activos en el ministerio, repentinamente se aparten del camino de la fe? Este es un problema muy antigüo. Aún el apóstol Pablo escribió acerca de Demas, uno de sus mejores amigos y más confiable colaborador, quien sucumbió ante las tentaciones. En sus primeras cartas, Pablo lo mencionaba frecuentemente: "Te saludan Epafras, mi compañero de prisiones por Cristo Jesús, Marcos, Aristaco, Demas y Lucas, mis colaboradores". (Filemón 23-24; ver también Colosenses 4:14).
Pero en su última carta, Pablo tuvo esta triste noticia: "porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica". (2 Timoteo 4:10).

Pensalo desde abajo:

¿Qué pudo haber hecho huír a Demas a Tesalónica? ¿La atracción del lujo o del poder? ¿La influencia de una posesión prestigiosa? ¿Una tentación sexual? ¿Cuáles son las cosas terrenales que más te tientan?
Recordá: Nadie está inmune a las tentaciones. Pueden hacer caer al creyente más comprometido. Si no fuera por la gracia de Dios, todos nosotros podríamos ser como Ana, Gustavo o Demas.

Aplicalo por dentro:

"No vayas a Tesalónica". Orá. Pedile a Dios que te guarde diariamente de las atracciones del mundo. Mantenete en comunión con otros cristianos. Rodeate de 3 o 4 amigos que te amen lo suficiente como para que te digan la verdad, aún cuando duela. Estudía la Palabra de Dios, la Biblia es poderosa (Hebreos 4:12) y capaz de cambiar tu vida (Romanos 12:2).

Atesoralo en tu corazón:

Leé y memorizá Mateo 6:24 y 16:26.


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